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09
Sep

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Claves para ayudar a dormir a nuestros hijos

Claves para ayudar a dormir a nuestros hijos

Dormir a los niños, a veces resulta un vía crucis para muchas familias, y sobre todo para aquellas cuyos niños les cuesta dormirse.

Cuando hablamos de dormir al niño lo expresamos desde el afecto y el respeto a las necesidades del niño. Necesidades que en su mayoría suelen ser de afecto, de brazos, de presencia materna, de calor, etc.

Ya que si las necesidades básicas están cubiertas, necesidades básicas como hambre, temperatura (frio, calor), etc., lo normal es que el niño esté demandando afecto.

De la crianza de nuestros ancestros a la actualidad:

Para empezar hablaremos que lo normal e instintivo en el bebé es dormirse junto a los padres. Sobre todo si toma pecho lo natural es quedarse dormido prendado de la teta de la madre. Antiguamente cuando vivíamos en cuevas o en tribus, los niños dormían junto a sus padres en la misma habitación y en la misma cama. Por lo que instintivamente lo natural para los niños es dormir con sus progenitores.

Volviendo al día a día y a las rutinas de las familias del siglo 21. Muchas veces nos pasa que pasamos una gran parte del día y de la noche intentando dormir a nuestros hijos, sobre todo a aquellos niños que les cuesta más. Muchos padres nos consultan desesperados porque pasan una hora o más con su hijo en brazos o acostados junto a ellos intentando dormirlos y al final caen ellos dormidos antes que el niño.

¿Cuál es el mejor método para dormir a un niño?

No existe un método dentro de lo que es la crianza respetuosa que sea infalible para dormir a los niños, descartando de toda mano, el método Estivill, que es un método muy agresivo, cuyas consecuencias negativas para el niño y para los padres son enormes, pero no vamos a entrar en lo que no deberiamos hacer.

Muchas veces lo que mejor podemos hacer, desde una mirada más transpersonal es:

1. Seguir el biorritmo natural de los niños:

Muchos niños no necesitan dormir tanto y les acostamos a dormir la siesta, que tardamos muchas veces hasta una hora o más en acostarlos/dormirlos; y luego los despertamos porque están durmiendo mucho o porque se nos ha hecho tarde y se nos va a juntar con la hora de acostarlos. Y después queremos que por la noche se acuesten a su hora, y claro, no se duermen. Y es porque estamos adaptando al niño a nuestros horarios, en vez de respetar su necesidad de sueño.

Cuando muchas madres nos escriben contándonos que sus hijos tardan mucho en dormirse y  entran en desesperación, nosotros lo que decimos es que los niños cuando tienen realmente sueño se duermen.

Eso no implica en que lo dejemos en la cama y se duerman solo, cuando tengan sueño, ya que si no están acostumbrados, y/o no saben, dormirse solos, no se dormirán. Pero si seguimos el ritual al que estamos acostumbrados con ellos:

  • De contarles un cuento.
  • Acostarnos con ellos.
  • Cantarles una nana.
  • O lo que cada familia haga.

El niño se dormirá, pero siempre que tenga sueño.

Muchas familias prueban de quitarle la siesta (pues ya el niño le costaba dormirla) o quitarle una de ellas (si duermen varias al día).

2. Observa al niño y a las circunstancias que rodean el protocolo del acostar al niño:

Lo que implica observar:

  • Cuanto tiempo duermen, los niños normalmente tienen ciclos de sueño estables, unos duermen una media de 11 horas, otros solo son de dormir 8 o 9.
  • Qué hacemos antes de acostarlos o que no hacemos, si ven dibujos y cuales ven y si no ven dibujos qué pasa, etc.
  • Qué necesitan para acostarse, aquí nos referimos no solo a los padres, o a su peluche, o cuentos, sino más bien a una rutina.
  • A qué hora se levantan cuando se acuestan tarde o cuando se acuestan temprano, etc.

Esto nos ayudara bastante a crearnos una pauta propia que sirva para nuestra familia y para nuestro hijo, que lo mismo solo sirve para nosotros o para un niño y no para el hermano.

3. Como gestionamos nuestras emociones a la hora de acostarlos y cuál es nuestro estado interno. 

Cómo gestionamos nuestro nerviosismo cuando no se duermen, o nuestra frustración cuando ves que pasa el tiempo y no se duermen y tenemos que hacer aún muchas cosas.

O cómo manejamos nuestras expectativas cuando llega la hora de acostar a los niños.

Qué sentimos previamente.

Los niños están conectados emocionalmente a los padres, sobre todo a la madre en sus dos primero años de vida, en este periodo existe lo que Laura Gutman, llama la fusión emocional. Por lo tanto, los niños, aunque sea inconscientemente van a sentir todo lo que siente su madre o su cuidador o educador, por lo que si nosotros nos alteramos o nos ponemos nerviosos, aunque no lo demostremos, nuestros hijos lo perciben inconscientemente. Por lo que si la madre se altera es normal que el niño también se altere, y la cosa se complique aún más.

Por lo tanto nuestra recomendación es:

  1. Atender a las necesidades propias del sueño de cada niño.
  2. Observándolos.
  3. Atender a nuestro propio estado emocional como padres.
Autor
Isabel Bueno

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