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15
May

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El arte de soltar: Dejar ir

Cuenta la leyenda, que Nan In era uno de los Maestros más reconocidos de Zen durante la era Meijin en Japón. Cierto día recibió a un profesor universitario en su casa que llegó a él para preguntar sobre el Zen.

Nan In lo invitó con una taza de té, el profesor aceptó.

El Maestro comenzó a llenar la taza de su invitado, el Maestro continuaba vertiendo el té aún cuando la taza estaba llena y comenzó a desbordarse.

El profesor le dijo: “El té está cayendo fuera de la taza, no entra más té en la taza.”

Nan In le respondió: “Al igual que la taza, tú estás lleno de opiniones y especulaciones. ¿Cómo puedo mostrarse lo que es el Zen si no vacías primero tu taza?”.

Todos llenamos de “té” nuestra vida; la llenamos de personas, situaciones objetos, vínculos, etapas y momentos. Es esta la estrategia que nuestra mente utiliza para conformarnos un mundo estable y confortable, un mundo controlado. Nos cuesta aceptar que el mundo cambia porque no queremos experimentar que no es como yo lo quiero y que esa aceptación implica un duelo.

Sin embargo, no es cierto que tengamos que cargar toda la vida con aquello que hemos querido y valorado en algún momento, aunque en aquel instante sintiésemos que nos salvaba la vida. Si lo mantenemos, es porque generamos la creencia de que, en algún otro momento, podría volver a salvárnosla.

El temor a soltar viene del apego:

Una persona se puede dar cuenta perfectamente que el ciclo se ha cerrado, que ya no hay nada que hacer, pero el ego le dice que soltarse, permitirse avanzar puede ser peligroso porque no se sabe si se tendrá éxito con lo que se emprende al cerrar esa puerta.

En la práctica del desapego, del arte de soltar, aceptar es un ingrediente primordial. Aceptar que esencialmente estamos solos; que dejar atrás lo que hoy no me sirve implica apostar a que, si un día supe encontrar mis herramientas para hacerlo, hoy también sabré encontrar otras porque soy más sabio; que me enriquezco cada vez que me vacío porque me brindo la oportunidad de llenarme de cosas nuevas; que soltar no es perder.

Algunas personas confunden el desapego con el desarraigo. Desarraigado es aquél que toma distancia emocional e incluso física con las cosas, las personas y las experiencias, que entra a las situaciones “a medio gas”, con un plan B en la cabeza “no vaya a ser que…”, que no se pringa hasta las cejas de vida.

El desapego no es eso. El arte de soltar muestra el que, una vez que ha saboreado y mascado hasta el último pedazo de experiencia, decide enriquecerse de ella dejándola ir y avanzar en su camino.

Soltar, dejar ir, es el mayor de los desafíos que implica ser un adulto sano y, sin embargo, no hay otro camino para conseguirlo.

Herramientas para soltar:

Vayamos pues por este camino, veamos qué herramientas son precisas en el arte de soltar:

1.Vivir las experiencias en su esencia. No en base a situaciones pasadas ni en expectativas de lo que podría llegar a ser. No podemos estar en el presente añorando el pasado, ya que lo que en un momento determinado resultó ser la piedra angular, podría carecer de sentido en el aquí-ahora.

2. No identificarse con lo que tengo ni con lo que me ocurre, buscar quien verdaderamente soy. Nada es vital para vivir porque cuando tú llegaste al mundo, llegaste sin ese “adhesivo”. Por lo tanto, es costumbre vivir apegado a ello y es un trabajo personal aprender a despegarse. Reconocerse en la posición “del que observa”, incluso de las propias emociones y pensamientos. Vivirlas sí, al 100%, sin creerme que soy aquello que pienso y siento, porque si así lo hago desprenderme supondría desprenderme de una parte de mí.

3. Hacer limpieza de objetos. Los cambios externos también pueden simbolizar procesos interiores de superación. Guardamos cosas que en el ahora no tienen más utilidad que el vínculo emocional que nos une con aquella persona, experiencia… Aferrarse a objetos, paradójicamente, genera el efecto contrario: desvirtúa el “para qué” de aquello que nos ocurrió; bloquea la percepción de lo que nos aportó en nuestra evolución al convertirlo nosotros en algo estático en nuestras vidas.

4. Aprender a ser feliz con uno mismo. Porque de esta manera, la compañía se convierte en elección y no en necesidad. La verdadera libertad comienza cuando empezamos a comprender quiénes somos y de lo que somos capaces. Es la independencia, ese ansiado trofeo, la que se obtiene cuando uno se desata, se deshace de sus cuerdas y mira hacia adelante sin necesitar a alguien o algo que controlar o que le lleve de la mano. La clave no está en el “te necesito en mi vida”, sino en el “te prefiero en mi vida”.

«Si me animo a vaciar la taza del contenido de un sueño, quizá pueda encontrarme en la mejor ruta para descubrir la verdad.»

Autor
Ana Pérez

Comentarios (2)

  • Juana

    Enhorabuena, es justo lo que necesitaba leer en este momento. Gracias por compartir.

    responder
  • ANA E Valvassori

    Gracias. LLegan ciertas lecturas, cuando es el momento.

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