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Dic

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LA CONEXIÓN CON MI HIJ@

Seguimos compartiendo en estos artículos el recorrido que ha hecho una de nuestras alumnas en el curso Especialista en Coaching Educativo e Inteligencia Emocional.

Para los que no leyeron los primeros Post os lo recomendamos para poder empezar su recorrido desde el principio: 

Primer articulo: Vivencia de una alumna sus luces y sus sombras: PINCHA AQUÍ

Segundo Articulo: Cómo aplicar la Atención Plena con nuestros hijos: PINCHA AQUÍ

En este tercer artículo os dejamos una parte del módulo 3,  donde se trabaja la Conexión con nuestros hijos:

LA CONEXIÓN CON MI HIJ@:

Qué difícil resulta a veces conectar con los hijos. Hace unos meses yo sentía que hablábamos idiomas diferentes, no conseguía que me escuchara. Lo que no sabía es que era porque yo tampoco sabía escucharle a ella.  Le preguntaba como había pasado el día, que me contará cosas del colegio, cosas de sus amigos… sin obtener más información que bien o mal, hemos jugado a muchas cosas y poco más. Había olvidado que podía obtener mucha información solo observándole, pero muchas veces hacia otras cosas mientras me hablaba o escuchaba mi dialogo interno, o buscaba solución a algún conflicto que me planteaba, o solo exigía otro comportamiento mientras ella me hablaba. Claro que ella no se sentía escuchada, como vas a abrirte a alguien tan poco receptivo.  

En este momento fue cuando aprendí a calibrar, a observar para entender como se sentía, a obtener información con aquello que no decía. Y vi algo que no había visto hasta ahora, vi una mirada al suelo llena de decepción, de tristeza, que reflejaba perfectamente como se sentía en ese momento. Ese día me culpé por no haberla sabido ver antes, por no haberle observado de esa forma.

¿Cuantas veces se habría sentido así antes y yo no había sido capaz de verlo?

Sentí culpa por no saber interpretar sus sentimientos, dolor por su sufrimiento, fracaso como madre. Le abracé, lloramos las dos, le conté lo que vi y lo que sentí, le pedí perdón y le ofrecí mi ayuda para siempre. Fue un momento muy duro pero me sirvió para darme cuenta de mi error y cómo no volver a repetirlo en el futuro. He visto esa mirada más veces desde ese día y cada vez que la veo me duele por dentro, pero ahora sé que quiere decirme algo, ahora sé como se siente en ese momento y ya no se siente sola cuando le pasa.

Antes solía caer en la solución cuando me contaba algún conflicto del colegio o con su hermana, sin dejar siquiera que me contara la historia, yo ya estaba arreglándola. Y ella además lo interpretaba como una reprimenda, sentía que no hacía las cosas bien, así que dejó de contarlas. Sentía el juicio sobre sus hombros, siempre valorando su comportamiento, indicándole como podía mejorarlo siempre buscando la perfección, sin atender en realidad a los sentimientos que es lo que ella quería expresarme cuando me contaba algo. ¡Claro que no hablábamos el mismo idioma!

Por eso, ahora primero observo sus gestos, su mirada, su postura en la silla mientras me cuenta, le escucho con atención, repito alguna frase que creo que es importante para ella, adopto su postura y tono, y siento como conectamos, ella se suelta, creo que siente que le entiendo.

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