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May

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La vivencia de una alumna módulo a módulo del curso Experto en Coaching Educativo e Inteligencia Emocional

Queremos compartir en este Post el recorrido que ha hecho una de nuestras alumnas en el curso Experto en Coaching Educativo e Inteligencia Emocional.

Nuestra alumna María (no es su nombre verdadero, ya que aunque nos autoriza a compartir su proyecto, vamos a conservar su intimidad) es Psicóloga y madre de dos niñas.

Esto que compartiremos en este Post (y en otros posteriores), es un recorrido que ha hecho María en su trabajo final de curso, en el que ella observa como ha ido integrando todas las herramientas y conocimientos que aportamos en el curso y en las tutorías, módulo a módulo, y como ésto ha ido transformando su vida personal y profesional.

En este primer artículo os dejamos el Prólogo y el Módulo 1:

PRÓLOGO

No me pude imaginar hace unos meses, cuando empecé el curso de Experto en Coaching Educativo e Inteligencia Emocional, que podía aportarme tanto a nivel personal. Mis expectativas eran mucho más modestas, esperaba aprender herramientas para poder aplicar en la educación y crianza de mis hijas, y desarrollarme a nivel profesional. Sin embargo, he obtenido mucho más, he aprendido mucho más de lo que esperaba y en una dirección completamente opuesta, mirando hacia dentro de mi misma y no solo hacia fuera.

Ha sido un trabajo de introspección realmente duro, porque partía de un desconocimiento absoluto de mi misma. En aquel momento no me entendía, no sabía como me sentía, ni que necesitaba. Sólo sabía que estaba metida en una inercia llena de enfado y de ira, de incomprensión y de juicio de moral, de falta de empatía, de incomunicación conmigo misma y con los demás, con una exigencia casi enfermiza para dar cada momento mi máximo rendimiento, y pedirlo también al resto. La consecuencia fatal de todo esto es ese sentimiento de culpa permanente, hagas lo que hagas y como lo hagas, que he transmitido a mis hijas, y que provoca incapacidad para disfrutar de las cosas.

Y ahora, echando la vista atrás, puedo decir que soy como quiero ser. También fallo, claro, y lo haré siempre; la diferencia es que no me siento culpable, que tengo los recursos para redirigir la situación, que comprendo a mi familia y no les juzgo como antes, que me siento capaz de afrontar las situaciones y conflictos que suceden cada día, y para mí lo más importante es que he aprendido a quererme y a querer desde la libertad y el respeto.

Es por eso que he decidido enfocar la tesis hacia una análisis personal del temario, repasar desde el inicio para ser consciente de los cambios que han supuesto en mi, y darme cuenta de las diferencias de enfoque antes y ahora.

1 PREPARÁNDONOS PARA EDUCAR

 1.2 AUTO-CONOCIMIENTO

Desde las primeras paginas del curso de Experto en Coaching Educativo e Inteligencia Emocional empecé a entender que para educar, para guiar, para acompañar a alguien en su crecimiento lo primero es prepararse uno mismo. Y para eso, hay que conocerse, hay que saber quien eres, cuales son tus valores, habilidades, comportamientos, entorno…. Hay que detenerse, pensar en ello, tomar conciencia.

Nunca antes me había preguntado quien era, mi identidad estaba definida por lo que pensaban los demás de mí, y muchas veces sin darte cuenta simplemente actúas por satisfacer esas expectativas, lo que en términos psicológicos se conoce como efecto pigmalion. Ahora entiendo que papel tan importante juega esto en la educación de nuestros hijos además de en nuestro propio comportamiento, acabamos haciendo lo que se espera de nosotros. Lo importante es saber utilizarlo de forma positiva, algo que yo no hacía.

Y para aprender más sobre mí, para conocer mi identidad he tenido que explorar mi consciencia corporal, mental y espiritual. El cuerpo actúa como un teste, es explícito, pero no sabia escucharlo. Ahora conozco mi cuerpo, se escucharlo, noto como se tensa, he identificado sus señales de alarma cuando algo no va bien, se que mi estomago se encoge cuando me enfado con las niñas, que mis hombros se tensan, siento calor en la nuca. Y así puedo anticiparme al ataque de ira, a los gritos, a las malas formas…. Y de la misma forma a nivel mental y espiritual, ser conscientes de cuando actúa la razón y eres capaz de argumentar, escuchar, comprender y directamente entra en juego nuestro cerebro emocional y la amígdala se apodera de nosotros. Saber identificar ese momento hace que puedas tomar distancia para no caer en automatismos y poder, después de unos minutos, dirigir la situación con cariño y sin gritos.

Después de hacerme muchas preguntas sobre quien soy, que es lo que quiero, si soy lo que quería ser, como me ven los demás, como es mi relación con los demás, que es lo importante para mí, y para mi familia, como me comunico con mi familia…. Me he dado cuenta de las grandes incongruencias que había en mi vida.

De hecho, leyendo los ejercicios de este modulo, noto ya una gran diferencia y es que no sabía quien era ni cómo me sentía. Veo que dudaba en el cuestionario, incluso hay preguntas sin contestar porque ni yo misma sabía como definirme ni cuales eran mis principales valores ni que era en concreto aquello que quería conseguir, ni mucho menos sabía cómo hacerlo. Pero si tenía claro lo que no quería, cómo no quería comportarme con mi familia,(ni siquiera me había dado cuenta todavía que empezaría por mi misma), y sin embargo era justo como me estaba comportando. Todo empieza con esta gran incongruencia.

1.2 LUCES Y SOMBRAS

Es realmente en este módulo del curso Experto en Coaching Educativo e Inteligencia Emocional donde soy consciente de que el curso no va en la dirección que yo esperaba. Me había imaginado un curso más técnico, que me iba a ofrecer las herramientas necesarias para conseguir una comunicación positiva con mis hijas como si fuera un temario de ciencias, sin matices. Nunca pensé que el trabajo iba a empezar por mí, y mucho menos de forma tan profunda y tan intensa. Ha sido   ( y está siendo, porque creo que nunca hay que dejar de trabajar con tu yo) de los  conceptos más difíciles  de trabajar, de interiorizar; sin embargo, el más revelador. Tanto es así, que es en este momento donde ha habido un punto de inflexión en mi vida.

Hasta este momento no me conocía, no sabía interpretar las emociones, no entendía lo que me estaban diciendo ni mi cuerpo ni mi mente.  Solo sentía culpa y fracaso, un enfado permanente que condicionaba mi relación con los demás. Sentía a mi familia cada vez más lejos, no conectaba con ellos, ya no sabía disfrutar. Y yo pensaba que me sentía así porque nada era suficiente. No estaba contenta con Maria porque no había sido lo suficientemente obediente, ni sentía cariño por David porque no era lo suficientemente comprensivo, ni estaba a gusto con mis amigos porque no eran lo suficientemente divertidos.

Y aunque yo sí pienso que era muy exigente, lo encubría pensando que era provocado por los fallos de los demás y míos, pero siempre justificado por falta de perfección en definitiva.

Este modulo me ayudó a aparcar el ego, a  mirar dentro y no fuera, a buscar mis sombras. Recuerdo que al principio no lo entendía, ¿como voy a ser capaz de ver algo oculto en mi si no sé ni poner nombre a como me siento?.

Y ahí es cuando me di cuenta de la forma que proyectaba mis sombras en los demás, de como lo que no me gustaba de ellos era mi propia sombra. Pero ¿cómo podía ser que me molestará que Pedro se tomará un café tranquilo mientras lee el periódico por la mañana? Precisamente porque yo me moría por hacerlo, pero lo ocultaba bajo esa exigencia infinita de no poder delegar nada del cuidado de mis hijas y así sentirme mejor persona, y encima recriminarle a él que no lo era. Con Marina, marcándole cada día con una obediencia tal que solo coarta su libertad, esa que a veces tanto echo de menos, y es por eso que me costará tanto ceder en ese sentido.

He aprendido a ver en ellos mi espejo y cuantas cosas he descubierto de mi misma que desconocía. Cosas negativas pero también positivas, como hemos visto la sombra dorada. Por ejemplo, valoro mucho en los amigos que sean divertidos. Tengo una amiga que me gusta como es probablemente por lo divertida que es, es su rasgo más característico y por lo que me apetece mucho estar con ella. Atendiendo a las proyecciones entendí que ese era un rasgo que a mí también me definía en tiempos anteriores, y mis amigos me lo decían. Nada más lejos de como podía sentirme ahora, del mal humor, de la desmotivación, de la negatividad; aunque es verdad que no lo hacía ver al grupo, siempre mantenía la fachada intacta para resultar perfecta y así no sentirme tan insegura.

Dar luz a las sombras es un trabajo difícil por el nivel de autoconocimiento que supone y muy duro porque saca a luz aquello que no nos gusta de nosotros mismos, pero es imprescindible conocerlo para empezar el cambio, para reconocer esos comportamientos que queremos dejar a un lado y otros volverlos a traer con nosotros. Aprender a mirarse en el espejo de los demás nos hace dejar el ego a un lado, ser humildes, aceptarnos como somos y querer dar la mejor versión de nosotros mismos.

La relación con mi familia empezó a cambiar cuando supe ver mis sombras en ellos. Con Pedro ya no eran los reproches la única forma de comunicación, como hasta ahora. Entendí que aquello que reprochaba eran mis necesidades insatisfechas, pero  no sabía pedirlo por no parecer incapaz, algo que he aprendido después.

La sensación de que me faltará en momentos importantes era el principal reproche, que después de mirar dentro de mí a pecho descubierto, me di cuenta de que esa sensación me ha acompañado toda mi vida, desde mi infancia por unos padres ausentes y faltos de cariño. Era mi sombra la que provocaba mi reacción desproporcionada. Darle luz ha sido una de las mejores cosas de este proceso.

Y de la misma forma ha pasado con mis hijas. Marina me hace ver lo que más y lo que menos me gusta de mí a través de su comportamiento. Es exigente consigo misma, no obedece a mis exigencias como una sumisión, tiene su propio criterio y lo defiende hasta el final. Algo que ahora no solo le permito sino que le alabo, pero en aquel momento coartaba su libertad. Me costaba ver lo me gustaba de ella, mi propósito era cambiar lo que no me gustaba a base de exigencia. Pero eso solo provoco rebeldía, algo que me enfadaba todavía más.

Aprendí a ver la flexibilidad como forma de crecimiento y no de debilidad, no es un fracaso cambiar de opinión. Dar libertad es ayudarles a que aprendan como levantarse cuando se equivoquen, a que piensen por sí mismos, a que sean lo que quieran ser sin tener que cumplir mis expectativas porque eso solo les llevará a sentir frustración y fracaso.

Y así, a medida que iba dando luz a mis sombras gracias a ella, nuestra relación fue cambiando, las distancias se acortaron. Ya era capaz de conectar con ella, de entender como se sentía cuando se comportaba de determinada manera, porque era así como me sentía yo.

Para solicitar info o el programa del curso: PINCHA AQUÍ

Próximamente seguiremos con el Módulo 2 del curso

Experto en Coaching Educativo e Inteligencia Emocional.

 

 

 

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