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05
Sep

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La vuelta al cole: Cómo gestionar la vida familiar

Vivimos en un mundo vertiginoso que nos aleja de estados de calma y de serenidad y nos hace olvidar que hay un tiempo natural para todo en la vida, para estar con los amigos, con la familia, para dedicárselo a uno mismo, para mimarnos, para dormir cuerpo, par hacer ejercicio y actividades, etc.

La vida familiar muchas veces, se convierte en una carrera para los padres y para los niños desde que amanecen hasta que se acuesta. Viven inmersos en un “venga vamos” “venga que llegamos tarde”, etc. El día a día de una familia es:

  • Las mañanas para llevar a los niños al colegio o a la guardería.
  • Las comidas con los horarios apretados.
  • La hora de las actividades extraescolares o de ir a un parque.
  • El momento de hacer los deberes.
  • La hora del baño, la cena.
  • Acostar a los niños temprano, etc.

Sin contar con el estrés añadido para los padres de ir a comprar, hacer la casa, la comida, la cena, lavar la ropa, preparar las cosas para el día siguiente y trabajar.

Este tipo de agendas apretadas hacen que la paciencia se pierda muy fácilmente por parte de los padres, y además hacen que los niños vayan alterados y sobre estimulados, ya que no se respetan sus ritmos. Y esto lleva a los enfados, las “prisas”, los “venga, vamos”, y un largo etc.

Realmente a los niños se le someten a una vertiginosa agenda, se les exige mucho y en poco tiempo, porque no hay más. Se promueve la cantidad y no la calidad, hacer mucho en poco tiempo.

Aquí os dejamos algunos consejos para empezar la vuelta al cole de una forma mas relajada para todos.

1.Es importante sacar de nuestro vocabulario las palabras:

  • “Venga”.
  • “Vamos”.
  • “Date prisa”.
  • “Llegamos tarde”, etc.

2. También es importante comunicar lo que necesitamos de forma que:

  1. El volumen o la intensidad de la voz sea baja.
  2. Hablar relajadamente, de forma lenta.
  3. Hacer breves pausas.
  4. Enfatizar o incluso repetir palabras claves.

3. Paciencia: Recordar que a veces meter prisa e intentar que las cosas vayan mas rápido, hace que la situación se ralentice aún mas.

No hay fórmulas mágicas para que una persona, un padre o educador, sea paciente o baje su ritmo en el día a día. Pero si se podemos tomar conciencia del ritmo que llevamos nosotros mismo y con los hijos, de tomar conciencia de cómo hablamos a nuestros hijos y a nosotros mismo y de tener durante un tiempo presente la palabra “paciencia”.

4. Cambiar el ritmo de las mañanas: Lo recomendable es cambiar el ritmo, si por las mañanas se va con prisas, levantarse antes, quizás con solo 15 minutos, se aligera las prisas y la tensión. También ayuda el poner una música tranquila, pero si con un poco de ritmo, para alegrar la mañana.

5. Espaciar las actividades: Si las actividades están demasiado juntas, procurar intercalarlas de forma que haya un espacio para descansar, merendar o simplemente para llegar con tiempo y sin prisas.

6. Dar el tiempo necesario para hacer los deberes: Es importante darle al niño el tiempo que necesite para hacerlo, normalmente se premia a los que acaban antes y no contamos que quizás nuestro hijo necesite más tiempo para hacerlos. Si se distrae o no se siente motivado hay que indagar a través de preguntas que le pasa.

7. Dedicar tiempo para hablar con nuestro hijo, sobre sus preocupaciones, sentimientos , etc… preguntarle sobre su día a día y contarle de nosotros, etc.

Recordar:

Es mejor tener paciencia y hacer las cosas con cariño y amor.

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