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Sep

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LA VUELTA AL COLE: CÓMO GESTIONAR LAS PRISAS

Vivimos en un mundo vertiginoso que nos aleja de los estados de calma y de serenidad y nos hace olvidar que hay un “tempo” natural en el cuerpo, en las cosas y en la vida, como dice José María Toro.

La vida familiar se convierte en una carrera para los padres, y para los niños desde que amanecen hasta que se acuesta. Viven inmersos en un “venga vamos” “venga que llegamos tarde”, etc. El día a día de una familia es:

  • Las mañanas para llevar a los niños al colegio o a la guardería.
  • Las comidas con los horarios apretados.
  • La hora de las actividades extraescolares o de ir a un parque.
  • El momento de hacer los deberes.
  • La hora del baño, la cena.
  • Acostar a los niños temprano, etc.

Sin contar con el estrés añadido para los padres de ir a comprar, hacer la casa, la comida, la cena, lavar la ropa, preparar las cosas para el día siguiente y trabajar.

Este tipo de agendas apretadas hacen que la paciencia se pierda muy fácilmente por parte de los padres, y además hacen que los niños vayan alterados y sobre estimulados, ya que no se respetan sus ritmos. Y esto lleva a los enfados, las “prisas”, los “venga, vamos”, y un largo etc.

Es importante sacar de nuestro vocabulario las palabras:

  • “Venga”.
  • “Vamos”.
  • “Date prisa”.
  • “Llegamos tarde”, etc.

Realmente a los niños se le someten a una vertiginosa agenda, se les exige mucho y en poco tiempo, porque no hay más. Se promueve la cantidad y no la calidad, hacer mucho en poco tiempo.

También es importante que:

  • El volumen o la intensidad de la voz sea baja.
  • Hablar relajadamente, de forma lenta.
  • Hacer breves pausas.
  • Enfatizar o incluso repetir palabras claves.

No hay fórmulas mágicas para que una persona, un padre o educador, sea paciente o baje su ritmo en el día a día. Pero si se puede tomar conciencia del ritmo que lleva uno mismo y con los hijos, de tomar conciencia de cómo hablas a tus hijos y a ti mismo y de tener durante un tiempo presente la palabra “paciencia”.

Aquí proponemos algunos ejemplos que pueden ayudar a bajar un poco el ritmo para los niños:

  • Las mañanas: Lo recomendable es cambiar el ritmo, si por las mañanas se va con prisas, levantarse antes, quizás con solo 15 minutos, se aligera las prisas y la tensión. También ayuda el poner una música tranquila, pero si con un poco de ritmo, para alegrar la mañana.
  • Las actividades: Si las actividades están demasiado juntas, procurar intercalarlas de forma que haya un espacio para descansar, merendar o simplemente para llegar con tiempo y sin prisas.
  • Los deberes: Es importante darle al niño el tiempo que necesite para hacerlo, normalmente se premia a los que acaban antes y no contamos que quizás nuestro hijo necesite más tiempo para hacerlos. Si se distrae o no se siente motivado hay que indagar a través de preguntas que le pasa.

Recordar:

Es mejor tener paciencia y hacer las cosas con cariño y amor.

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