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15
Jul

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Merecimiento, culpa y auto exigencia:

  • ¿Soy merecedor de todo aquello que tengo y que deseo?
  • ¿Me siento culpable por mis errores y me siento mal por ello?
  • ¿Dudo de mis capacidades y habilidades?
  • ¿Cuándo las cosas me salen bien cedo el mérito a otra persona?
  • ¿Me pongo metas y objetivos que a veces nada tiene que ver con lo que verdaderamente yo soy?

Hemos aprendido desde nuestra infancia a culparnos por nuestros errores y sentirnos mal por ello. Esto nos viene de creencias familiares y sociales arraigadas muy atrás en el tiempo y de una carente  inteligencia emocional.

También hemos aprendido a dudar de nuestras capacidades y habilidades. A eludir nuestra responsabilidad cuando las cosas no salen como queremos que salgan o incluso cuando salen bien, dando el mérito, la responsabilidad o el honor a otras personas.

Llevamos un látigo invisible con el que nos flagelamos con cada error, un látigo emocional. Cada vez que hacemos algo que pensamos que no está bien nos flagelarnos. Cada vez que nos equivocamos o que decimos algo indebido nos flagelamos, o incluso nos flagelarnos ante las acciones ajenas.

Este látigo que adoptamos nos impide tener una vida mejor porque creemos que No la merecemos.

De niños nos enseñaron a utilizar el látigo, a auto culparnos y auto castigarnos, todo lo contrario a lo que se enseña en inteligencia emocional. Adquirimos el vicio de la autocrítica y de la auto rotulación, a ponernos etiquetas y a critícanos de forma poco constructiva, utilizando un sistema de autoevaluación inadecuado, bajando asi nuestra autoestima.

Se nos ha enseñado a usar estándares internos con metas u objetivos a conseguir con unos niveles de auto exigencia y competitividad cada vez mayor, que hace la vida más difícil y nos desconectamos de nosotros y de quienes somos en realidad, ya que centramos todo nuestra atención en conseguir el siguiente objetivo, en llegar a la meta, en hacer o en tener. Esto hace que cada vez vayamos desconectándonos más y más de quienes somos, alejándonos de lo que en realidad queremos para nosotros mismos, desconectado de nuestras emociones reales, con escasa poder en la gestión emocional alimentando así nuestro ego y desvinculándonos de nuestro ser.

Estas auto exigencias, que creemos que nacen de nuestro interior, de nuestro ser, en realidad proceden de una necesidad de reconocimiento, necesidad de amor, de ser amado  y querido, pero no por lo que uno realmente es, sino por hacer o tener o llegar a algo.

Cuando estamos conectados con lo que realmente somos y sentimos, con nuestra esencia, con la persona que soy, con su totalidad, cuando nos queremos y nos aceptamos tal y como somos, esas metas y esos objetivos van alineados con nosotros mismos, con nuestro ser, con nuestra esencia, entonces el camino hacia esos objetivos o metas marcadas, nos hacen felices y plenos, y no existe ningún esfuerzo para alcanzarlo. Además tampoco necesitamos el reconocimiento de los demás, pues tenemos el nuestro (gracias a una autoestima fuerte) ya que no necesitamos ser amado o sentirnos querido a través de hacer o tener o llegar a algo. El reconocimiento lo agradecemos y aceptamos.

La autoestima es el sentir que somos merecedores de todo aquello que se nos brinda, nos hace tener una buena inteligencia emocional.

Somos merecedores del amor, de la amistad, del éxito, de los aprendizajes, de las personas que nos acompañan en el camino, de todo aquello que nos hace sentir bien y avanzar, ya que en nuestro interior nos reconocemos y nos aceptamos tal y como somos. Somos merecedores de todo lo que soñamos.

El No merecimiento, es algo muy común en personas con baja autoestima, personas que viven desde el miedo, la culpabilidad, los apegos, la necesidad de reconocimiento, etc.

Autor
Isabel Bueno

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