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18
Jul

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El niño interior: la conexión con nosotros mismos

Todos tenemos un niño interior que duerme en nuestro inconsciente la mayoría de las veces. Un niño que hemos olvidado, porque pensamos que es necesario deshacernos de él, para poder crecer y vivir como adulto.

En realidad, todos hemos pasado por momentos difíciles cuando éramos niños, momentos que han herido nuestra sensibilidad y nos han provocado sufrimiento.

De niños éramos muy vulnerables y resultábamos heridos con mucha facilidad, una palabra más subida de tono de nuestros padres, los castigos, los limites restringiendo nuestro saber interno, un abrazo no dado, etc., podían causarnos una herida profunda de la que no éramos conscientes, ya que nuestra máxima prioridad era sentirnos amados y protegidos, cosas que muchos niños no consiguen en su infancia, pero que tampoco son conscientes.

Todo esto se guarda en nuestro inconsciente y hace que cuando algo doloroso nos pasa, o hay un sufrimiento, o un dolor en la vida adulta, salten las alarmas y sintamos el sufrimiento del pasado, de cuando éramos niños, sin saber ni tan siquiera de donde nos viene. A veces puede pasar que con esa emoción nos venga imágenes de nuestra infancia como si fuera una película.

También es el resultado de patrones de comportamientos inconscientes que no sabemos salir de ellos. Como la reactividad, la ira, el abandono, etc. Patrones que trabajamos en nuestro curso de Experto en Coaching Transpersonal.

Es importante para ser adultos conectados con nosotros mismos, sanar nuestra relación con nuestro niño interior, muchas veces herido y olvidado.

Conexión con nuestro niño interior:

El niño interior está realmente conectado a nuestra parte derecha del cerebro, a la parte emotiva, analógica, creativa. Es nuestro lado blando, sensible y vulnerable de nosotros mismos, desde el cual desarrollamos nuestra intuición, cosa que cuando somos adultos y vivimos ignorando nuestro niño interior, vivimos desconectados de nuestra parte más emotiva y de nuestra intuición, de nuestra esencia más pura.

El niño interior tiene la capacidad de sentir y expresar los sentimientos abiertamente y sin temor, y responde positivamente a las caricias, a la ternura, al amor.

Cuando vivimos desconectados de nuestro niño interior, vivimos una vida adulta en el plano mental, enfocada en la acción, en hacer y en actuar. Una vida muy enfocada en la parte racional y analítica, y poco conectada con la intuición, con lo que uno es y con lo que uno quiere.

Esto muchas veces nos lleva a procesos de incoherencia, pues creemos que somos coherentes y que nuestra razón nos muestra la verdad y el camino a seguir, pero no es así, ya que estamos completamente desconectados de nosotros mismos.

No prestamos ninguna atención a nuestro interior, a nuestro sabiduría interna y solo hacemos caso a lo que nuestra mente y nuestros pensamientos nos dicta, haciendo caso omiso a nuestra intuición.

Y esto se debe porque hemos desterrado a nuestro niño interior, muchas veces herido e ignorado. Pero aunque lo ignoremos no significa que no esté, que no forma parte de nosotros, de hecho siempre está con nosotros intentado captar nuestra atención, lo que pasa es que como adultos, intentamos escapar del sufrimiento y de nuestras heridas, ignorándolo.

Es importante sanar sus heridas y recuperar la conexión con nuestro niño interior, este es uno de los temas troncales que trabajamos en nuestro curso de Experto en Coaching Transpersonal.

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